Mujer: rolos, redecillas y tubi

Por Altagracia Paulino

De niña recuerdo a mis tías que se hacían “bucles”, los cuales acomodaban de manera artística a un lado de la cabeza, o detrás en un hermoso paquete, a veces adornado con flores o un lazo de color, con lo que disimulaban cuan rizado tenían el pelo. No había desrizado o ellas no lo necesitaban, lo que sí recuerdo es que, para hacerme una cola con rizos, me ponían agua de azúcar para que “duraran”, de lo contrario se deshacían.

Todo esto ocurrió en mi primera infancia, en el campo, pero ya en la ciudad, recuerdo que mis tías no usaron desrizado, seguían con sus bucles que evolucionaron hacia los rolos, pero siempre en el salón. Los primeros rolos que recuerdo eran de alambres con una ligera rejilla, luego de esponjas, y otros que se usaban eran los rollos de papel sanitario recolectados y con ellos se enrolaban los cabellos.

En mi adolescencia usaba rolos solo en el salón los sábados. Algunas de mis amigas los usaban todo el día y en la tarde se los quitaban. Muy difícil dormir con rolos.

Cuando entré al liceo Ercilia Pepín, la directora del plantel fue por todos los cursos a explicar las reglas del centro estudiantil y lo primero que advirtió fue que “los rolos son una prenda secreta, secretos de belleza de la mujer, no para salir a la calle”.

No recuerdo que mis compañeras y otras de mi época salieran a la calle con rolos, pero como desde entonces casi siempre los sábados y fines de semana las mujeres lo dedicamos a la “belleza”, algunas no acudían a los salones, se hacían los rolos y se secaban el pelo con la brisa y el sol. Cada vez menos, pero todavía se observan en las multitudes a alguna mujer con rolos. Debemos recordar que “doña Florinda” en el Chavo del Ocho, reivindicó los rolos y que ha habido una evolución respecto a ellos.

Ya casi nadie se hace rolos, son contadas en los salones porque los rolos han sido sustituidos por las anchoítas, que son los mismos “bucles” que usaban mis tías, pero con otro propósito: darle fuerza y forma al peinado, eso sí, nadie sale con anchoítas del salón.

Respecto al tubi, es otra forma de moldearse los cabellos; se usaba en mi adolescencia, de hecho, lo usé mucho cuando quería lucir “melena” pero siempre en mi casa, jamás salí a la calle con tubi. Hoy día se usa mucho con redecillas. Las jóvenes lo llevan en sus casas, no para salir a la calle.

Hace ocho años hubo un debate en las redes sociales sobre si era correcto o no salir a la calle con tubi, y en los años 2011 y 2012 los medios tradicionales se hicieron eco de éste en las redes y hasta tendencias con las etiquetas #mitubi y día nacional del tubi. Surgieron lluvias de ideas entre las que defendían salir a la calle con tubi y las que entendían que era un “secreto” de belleza y no debían exponerse.

Los varones que participaron se mofaban y algunos llegaron a decir que si su novia usaba un tubi la dejaban.

La mujer, siempre utilizada según las conveniencias, es parte de las barreras invisibles vinculadas a la inequidad de género. Los varones se hacen tubi, papazos, desrizados y hasta usan redecillas, sin que sean gais ¿Por qué no salen a la calle? ¿Por qué no lo suben en las caravanas?

En libertad y democracia los estereotipos no son válidos, pero hay que respetar el derecho a la buena imagen de la gente, en este caso la mujer.